Rahela Begum sobrevivió a los horrores de la guerra en Birmania y a la vida en el campamento de refugiados más grande del mundo en Bangladés, solo para terminar a la deriva en el mar, aferrada a una tabla de madera. Esta joven de 25 años es una de las pocas sobrevivientes del naufragio de una embarcación repleta de refugiados de la minoría musulmana rohinyá que intentaban huir en abril pasado de los enormes albergues de Cox’s Bazar, en el sur bangladesí, con destino a Malasia.
En los últimos años, miles de rohinyá han emprendido peligrosas travesías marítimas para salir de ese campamento, donde más de un millón viven en condiciones precarias tras haber escapado primero de la violencia racial y la guerra civil en Rakáin, su estado natal en Birmania. Bangladés prohíbe a la mayoría de ellos salir de los refugios o trabajar, lo que le dejó a Begum pocas opciones más que intentar fugarse vía marítima.
Pasó dos días y una noche a la deriva en el mar de Andamán, después de que la embarcación que tomó, abarrotada con unas 280 personas, se hundiera tras cuatro días de viaje.”Logré encontrar una tabla de madera, a la que me aferré durante dos días y una noche”, dijo Begum, quien finalmente llamó la atención de un buque de rescate que pasaba por allí.”Estaba flotando como un cadáver y, con mucha dificultad, logré levantar ligeramente la cabeza”, aseguró.
Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en 2025 se reportaron cerca de 900 rohinyá muertos o desaparecidos en sus odiseas marítimas, lo que lo convirtió en el año más mortífero registrado hasta la fecha. Y los decesos han seguido aumentando en 2026.- Desesperación -Begum llegó a Cox’s Bazar en 2017 y, en abril, se unió a un creciente éxodo de refugiados hacia Malasia, Indonesia y Tailandia.
Un traficante que le prometió tratarla “como a su propia hermana” la llevó a Teknaf, a aproximadamente una hora en auto de Cox’s Bazar, y ella se subió al barco pesquero el 4 de abril. Cuando se dio a conocer la noticia del desastre una semana después, la Guardia Costera de Bangladés informó que se había encontrado con vida a nueve personas, entre ellas seis traficantes. La trata de personas se ha convertido en un negocio lucrativo en Cox’s Bazar, en el que los reclutadores y las bandas criminales venden a los refugiados la esperanza de una vida mejor fuera de lo que muchos describen como una “prisión al aire libre”.”Las redes incluyen a personas que viven en los campamentos y a individuos de Teknaf, Birmania, Tailandia y Malasia”, dijo un traficante a la AFP bajo condición de anonimato.
Los viajes suelen comenzar en Teknaf, donde los migrantes son hacinados en barcos pesqueros antes de ser trasladados a embarcaciones más grandes en el mar. El traficante le dijo a la AFP que ganaba hasta 250.000 takas (2.000 dólares) por viaje, pero que no lo consideraba un delito.- “Máxima alerta” -A pesar de los riesgos, el deseo de muchos por irse sigue siendo fuerte. En 2025, más de 6.500 rohinyá intentaron salir de los campamentos por mar, y uno de cada siete de ellos fue reportado como muerto o desaparecido, según la ONU.
Astrid Castelein, representante del Acnur en Cox’s Bazar, señaló que la agencia registró 2.300 salidas de los campamentos entre enero y mayo de este año, frente a las 1.180 registradas durante el mismo período del año pasado. Las autoridades luchan por contener el tráfico ilegal. El teniente de la Guardia Costera Mohammad Rawnak Rahman patrulla la desembocadura del Naf, el río que marca la frontera entre Bangladés y Birmania.
Sentado en su bote, se abre paso entre las canoas de los pescadores, con la mirada fija en las colinas del estado de Rakáin, azotadas por los enfrentamientos entre los rebeldes del Ejército de Arakan y las tropas de la junta militar gobernante.”Estamos en máxima alerta. Estamos haciendo todo lo posible para controlar la situación”, dijo Rahman, quien agregó que la Guardia Costera ha rescatado a “618 víctimas de la trata” este año.- “Paz duradera” -En el juzgado de Cox’s Bazar, el fiscal Tawhidul Anwar dijo sentirse abrumado por la magnitud del problema.”Estamos manejando alrededor de 500 casos de tráfico de personas”, dijo. “Es difícil obtener pruebas.
Los traficantes son muy poderosos”. Anwar señaló que los traficantes arrestados tras el naufragio de abril fueron puestos en libertad bajo fianza a pesar de que se enfrentaban a posibles condenas a cadena perpetua. El superintendente de la policía local, ANM Sajedur Rahman, dijo que las autoridades carecían de los recursos necesarios para desmantelar las redes de tráfico de personas.”El problema es que los rohinyá quieren escapar a cualquier precio”, aseguró.
Sayed Ullah, presidente del Consejo Unido de los Rohinyá, defendió los intentos de huida.”Cada persona tiene que sobrevivir con dos comidas al día y 16 taka (0,13 dólares)”, dijo. “A nadie debería sorprenderle que la gente intente irse, con la esperanza de encontrar algo mejor”. Las autoridades han señalado que es difícil flexibilizar las restricciones para los refugiados porque los recursos de Bangladés ya están al límite.”Aquí no hay salida para nosotros.
La única solución es un acuerdo de paz duradero en Birmania”, consideró Ullah. Pero al otro lado de la frontera, el conflicto desencadenado por el golpe militar de 2021 sigue en pleno apogeo. Según la ONG estadounidense Acled, más de 100.000 personas han muerto en los combates. En su choza de bambú y lona en Cox’s Bazar, Begum dice que sus sueños de libertad se hundieron junto con el barco.”Dios no me ha concedido paz en ningún lugar de este mundo.
Ni en mi país, ni aquí”, lamentó.
Wed, 22 Jul 2026 07:53:22 GMT
